¿Qué son las hipotecas subprime?

Estados Unidos, otoño de 2001: la Reserva Federal decide bajar los tipos de interés para que el dinero fluya en una economía azotada por los atentados del 11 de septiembre y el desastre en la bolsa de las empresas de Internet (las famosas puntocom). Con la caída de los tipos disminuye también la rentabilidad de la deuda del país, lo que irrita a muchos inversores; surge la necesidad de encontrar un nuevo negocio en el que meter la pasta, un negocio seguro, que aporte mayores beneficios y con sólidas perspectivas de crecimiento. ¿La solución? La vivienda.

La idea no es mala: el Ciudadano Feliz quiere un préstamo de 100 euros para adquirir una casa, así que acude a la Entidad de Crédito A. Esta le concede la hipoteca (con un plazo de 10 años y sujeta a un tipo de interés del 5 por ciento) y se la vende al Banco B, que paga 100 euros a la Entidad de Crédito A más una comisión de 5 euros. De esta manera, la Entidad de Crédito A recupera en un solo día la cantidad que le ha prestado al Ciudadano Feliz y, aunque se queda sin el postre de los intereses, se lleva 5 euros extra (los de la mencionada comisión).

Por su parte, el Banco B se hace con otras nueve hipotecas y las junta con la del Ciudadano Feliz en un estupendo paquete: cada mes recibe las cuotas (ahora sí, sabrosos intereses incluidos) de 10 familias. Para rematar la jugada, convierte el paquete de hipotecas en un complejísimo producto financiero llamado CDO y se lo vende con una rentabilidad elevada a los inversores que se han enfadado con la Reserva Federal y que han dejado de comprar deuda estadounidense. ¡Hurra, todo el mundo gana mucho dinero rápidamente!

Como es lógico, los inversores quieren más hipotecas convertidas en CDO, así que la Entidad de Crédito A decide olvidarse de sus escrúpulos y empieza a conceder préstamos a personas que no pueden garantizar la devolución de las cuotas, gente sin trabajo o con bajos salarios que de la noche a la mañana se encuentra en el salón del chalé de sus sueños. Una hipoteca subprime.

¿Qué ocurre si, como parecen indicar su situación laboral y sus ingresos, el Ciudadano Poco Fiable deja de devolver el préstamo? A la Entidad de Crédito A le da lo mismo, porque le ha vendido la hipoteca al Banco B, igual que hizo con la del Ciudadano Feliz. Si este ya la ha convertido en parte de una CDO, le habrá pasado el problema a los inversores del mercado secundario, pero si aún no lo ha hecho, tendrá un moroso, un insignificante, minúsculo y nada preocupante moroso. El drama, en forma de crisis financiera, estalla cuando son millones de personas las que, como el Ciudadano Poco Fiable, no son capaces de asumir sus cuotas. Porque millones de morosos ya son algo más que un problema insignificante.

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