¿Qué son el efecto sustitución y el efecto renta?

No hay que ser un genio para saber que cuanto más caro resulte un producto menos gente estará dispuesta a comprarlo. Y al contrario, claro: cuanto más barato sea, más personas querrán adquirirlo. Es la llamada ley de la demanda decreciente, que está relacionada con dos conceptos económicos clave: el efecto sustitución y el efecto renta.

Si mañana Samsung decide multiplicar por dos el precio de su teléfono Galaxy S4, el público comprará más dispositivos BQ, LG o Sony, por ejemplo, tal y como establece el efecto sustitución. Según este, cuando sube el precio de un bien, los consumidores tienden a sustituirlo por otros que les satisfagan en la misma medida pero a un coste menor.

Las empresas se comportan de la misma forma que los particulares: si un recurso para la fabricación de un bien se pone por las nubes, las compañías buscarán uno más barato que cumpla una función idéntica, con lo que la demanda del recurso encarecido será decreciente (igual que lo será la de los teléfonos Samsung del caso planteado al comienzo del párrafo anterior).

El otro factor que influye en el hecho de que la curva de demanda sea decreciente es el efecto renta. Los ciudadanos disponen de una renta monetaria con la que pueden permitirse una cantidad determinada de bienes y servicios (equivalente a su renta real). Si el precio de estos aumenta, la renta real de la gente menguará, pues, aunque disponga del mismo volumen de dinero, no podrá adquirir tantos productos como antes. En tal caso lo más frecuente es que se refuerce el efecto sustitución, ya que las personas intentarán comprar la misma satisfacción pero al menor coste posible.

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